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Contenido e IA: más producción no siempre es más negocio

12 de agosto de 2026 | 5 minutos de lectura

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Un muy buen amigo, uno de esos editores exquisitos a los que hay que arrancarle el texto de las manos porque se obsesionan con el último punto y coma, me contaba hace unas semanas una broma cruel que le habría devuelto una IA.

Laptop abierta sobre una mesa con la pantalla rota y distorsionada, como metáfora de los límites de la inteligencia artificial en la producción de contenidos.

Al colapsar su laptop, le hizo una pregunta simple a un motor de respuesta: “Si mi trabajo es investigar, producir contenido y editarlo, ¿cuál es el mejor equipo para mí?”.

Según mi amigo, la descorazonadora respuesta fue: “¿Para qué quieres una laptop? Tus funciones ya no existen. Han sido reemplazadas por mí”.

Más allá de la broma, la inteligencia artificial llegó al marketing y las comunicaciones con una promesa irresistible: hacer más, más rápido y con menos recursos. Redactar copies, adaptar piezas, resumir reuniones, analizar campañas, automatizar flujos y llenar calendarios editoriales en menos tiempo.

Precioso para cualquier equipo que vive presionado por publicar. Pero producir más no significa generar más valor. Por el contrario, puede tentarnos a multiplicar piezas sin estrategia y terminar multiplicando también la irrelevancia.

Por eso, para entender mejor cómo utilizar la IA para tomar decisiones y producir contenido con más criterio, invitamos a Marketing sin Humo a Carlo Rodríguez, CEO de Attach, quien de arranque soltó una frase que ordena bien la discusión:

“La eficiencia es una palabra de moda, todos la buscan, todos quieren ser eficientes, pero no necesariamente tienen las bases para ser eficientes”.

Esa advertencia aplica de lleno al marketing y a las comunicaciones. Antes de pedirle a una herramienta que produzca contenido, una marca debería saber qué quiere decir, a quién quiere llegar, qué problema ayuda a resolver y qué lugar quiere ocupar en la conversación.

Porque un contenido sin estrategia puede generar clics y, al mismo tiempo, debilitar la marca. Puede atraer leads y confundir a la audiencia. Puede tener buen costo por resultado y estar mal planteado desde el mensaje.

La pregunta, entonces, no es solo si necesitamos producir más. La pregunta es qué está construyendo ese contenido que sale con la velocidad de una fábrica de salchichas.

Carlo contó un caso que lo muestra con claridad. Una campaña tenía un costo por lead cuatro o cinco veces más bajo que el promedio. Vista desde la plataforma, parecía un éxito. Pero al conectar esa información con el CRM, apareció el problema: esos leads casi no generaban ventas. Luego descubrieron que, al recibir el mensaje, las audiencias estaban entendiendo algo totalmente distinto.

Ese caso resume una verdad incómoda: si la audiencia no entiende lo que la marca quiere decir, no importa cuán barato sea el lead. La falla no era solo de pauta ni solo de analítica. Era de comunicación.

Y eso nos lleva a mirar más allá del performance. Durante años, muchas organizaciones separaron marketing y comunicaciones como si fueran mundos distintos. Marketing quedó cerca de la pauta, la conversión, el CRM y los resultados de corto plazo. Comunicaciones quedó asociada a reputación, narrativa, mensajes institucionales y relación con audiencias. Esa división cada vez sirve menos.

La IA vuelve esta integración más urgente porque facilita la producción masiva. Y cuando todo el mundo puede producir más, la diferencia ya no estará en la cantidad ni solo en la distribución para conseguir un lead. Estará en el criterio para definir qué contenido ayuda a la audiencia y cuál solo llena espacios en un calendario.

Las herramientas son útiles. Pueden ayudar a investigar, ordenar información, generar borradores, adaptar formatos y automatizar tareas. Pero ninguna resuelve la pregunta central de la comunicación: qué necesita entender la audiencia para reconocer el valor de una marca. Tampoco reemplazan el trabajo editorial de decidir qué merece publicarse, qué debe descartarse y qué debe decirse con mayor precisión.

Carlo lo resumió bien: “la inteligencia artificial puede ayudar a generar más contenido, pero no necesariamente mejor contenido”.

Esa frase debería enfriar el entusiasmo de muchas marcas que hoy celebran haber multiplicado su capacidad de producción. Hacer diez piezas donde antes se hacía una puede ser eficiencia operativa. Pero si ninguna tiene claridad, relevancia o coherencia, lo único que se logró fue industrializar la irrelevancia.

En el episodio también conversamos sobre otros temas que hoy deberían estar en la agenda de cualquier equipo de marketing y comunicaciones: qué métricas sirven realmente para tomar decisiones, por qué el costo de adquisición de cliente importa más que mirar solo el costo por lead, cómo los dashboards pueden llenarse de información que nadie usa bien, cuánto puede costar realmente operar con IA y qué papel tienen herramientas como NotebookLM, Claude, N8N o Manus cuando detrás hay criterio, procesos y una pregunta clara de negocio.

Pero, además, Carlo se hace una pregunta fundamental: ¿es la inteligencia artificial más cara que los humanos?

Aquí el enlace para que lo descubra usted mismo:

 

El futuro de los negocios no será de las marcas que publiquen más por tener IA. Será de las que sepan usarla para pensar mejor, producir con más intención y comunicar con más claridad. Porque una marca que no sabe qué quiere decir puede producir más que nunca y seguir sin decir nada importante.

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